DOS CAMINOS, TU ELIGES.

“Yo no sabía quiénes eran ellos. Cuando llegaron, como a cualquier forastero, mis abuelos les ofrecieron comida y un trago de chicha. El fuego nos decía que tengamos cuidado, pero hay veces que la curiosidad es más fuerte que el instinto… “(Niña Killa)

Querido Lector o lectora, ahora mismo nuestros hermanos y hermanas de diversos pueblos originarios y comunidades campesinas se encuentran en bosques, páramos, montañas y selvas, defendiendo lo más preciado que tiene el Ecuador y el mundo: el agua, la naturaleza y la diversidad cultural.

Esta lucha refleja, por un lado, una de las vertientes más crueles del capitalismo: el extractivismo, y por otro, la relación de cientos y miles de hijos e hijas que luchan por una misma Madre: la Madre Tierra.

En nuestro país, el Estado pretende resolver el problema de las finanzas públicas por medio de la megaminería, problema cuyo origen está en las malas decisiones políticas y la corrupción de los malos gobiernos. Y como es habitual, las consecuencias las pagan los sin voz: el agua, la tierra, los alimentos, el aire y los saberes ancestrales.

No hay nada que ponga más en riesgo y que destruya la vida y la existencia del ser humano como el extractivismo. A lo largo de nuestra historia, desde que Castilla y Aragón miraron hace 500 años al continente de Abya Yala como una tierra con grandes riquezas minerales y mano de obra capaz de ser sometida y explotada con espada, cruz y pólvora, han sido los pueblos originarios y campesinos quienes han puesto los muertos, los enfermos y quienes han visto morir a su madre, contaminar a sus hermanas lagunas; quienes han sido desplazados, despojados y violentados. Hoy, esa historia continúa…

Cambiaron la cruz por el discurso de la minería responsable; la espada por el Estado y el uso progresivo de la fuerza pública; y la pólvora por el veneno mortal de la corrupción; porque mediante corruptos acuerdos se concesiona al país a las transnacionales mineras que, al igual que en antaño, lo único que les mueve es la ambición del oro y la acumulación de grandes capitales en muy pocas manos. Y los sin voz seguimos siendo la  mano de obra barata, sometida ahora con el respaldo de la ley y el gobierno que las mismas transnacionales financian.

Sin embargo, la fuerza de la vida sigue latiendo en los pueblos que se organizan, luchan y resisten al extractivismo y sus diversos modos.

Pueblos en lucha, aquí unos pocos; afuera miles que les hacemos temblar:

  • Nankits
  • Intag (Junín)
  • Molleturo – Río Blanco entre otros.

El pasado 08 de Mayo, comuneros/as de Río Blanco dieron un duro golpe al capitalismo, quemando el campamento minero de la empresa China Junefield que goza de más 6000 hectáreas de los páramos del Cajas, en el bosque protector Molleturo-Mollepungo. Estos valientes defensores y defensoras del agua representan la esperanza, el camino de vida y dan voz a la Madre Tierra, y son ellos y ellas quienes harán cumplir la constitución del 2008, donde los/as ecuatorianos y ecuatorianas nos propusimos vivir en armonía con la naturaleza y respetar sus derechos.

Detrás de cada una de las marchas sociales, hay cientos de voluntades, corazones, cuerpos, mentes y espíritus humanos y no humanos, abrazando con fuerza la vida, levantando la voz del agua y luchando para poner fin al modelo extractivista en el Ecuador.

Te invitamos a preguntarte ¿cuál es el sentido de la vida y de su existencia? En una misma puerta te enfrentarás a dos caminos: el camino que respeta la vida en todas sus dimensiones; y el de la muerte, que violenta a todas las formas de existencia.

Elige tu camino, toma partida, no dejes que triunfe en ti la indiferencia. Perder la capacidad de indignarse es olvidarse de dónde venimos. Lucha para que la pequeña niña Killa pueda beber agua limpia de los ríos y lagunas de páramos y selvas.

“Y con engaños y mentiras, manipularon las mentes frágiles y olvidadizas de los adultos. La mina compró el alma de muchos comuneros; no de todos, hay personas valientes como mi prima María Luz o mis tíos Freddy Taish y José Tendetza que, sacando la fuerza de nuestros ancestros, entregaron su vida por el agua y la vida. Ahora los niños jugamos felices en los páramos que nuestras madres recuperaron, fue difícil, duró muchos años, pero todo su esfuerzo y sacrificio valió la pena y gracias a ellas y ellos, hoy vivimos en tierras libres, autónomas y donde el pueblo manda y el gobierno obedece” (Niña Killa) 

Sombrero Rojo y Daniela PM

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