EL HOMBRE QUE VISITÓ EL LUGAR DE COREA DEL NORTE QUE SUPUESTAMENTE NO EXISTE

El estudiante estadounidense Otto Warmbier acabó muerto tras una visita al hotel Yanggakdo en Pyongyang. El doctor estadounidense Calvin Sun recuerda la noche que pasó en el quinto piso del misterioso hotel y advierte a los viajeros que se mantengan alejados. Calvin Sun iba de camino al aeropuerto de Pyongyang cuando fue detenido en el minibus en el que viajaba con sus amigos por funcionarios norcoreanos.

Los guardas anunciaron que había un problema y que el grupo no podría salir del país hasta que se resolviera.

Todo el minibus quedó en silencio.

“De todas las cosas que habíamos hecho en Corea del Norte esa semana”, dice Sun, “nunca se me ocurrió que se refirieran a nuestra visita al quinto piso del hotel”.

Calvin Sun, hijo de padres chinos, nació y creció en la ciudad de Nueva York.

A los 20 años apenas había viajado fuera del estado.

Estudiaba en la universidad de Columbia, a 20 minutos de su casa en Nueva York, y no le gustaba mucho salir de su zona de confort.

Pero un viaje a Egipto en 2010 despertó su sed de recorrer el mundo.

Al aterrizar en el aeropuerto de Pyongyang, Sun quedó sorprendido por el contraste con China. “Era como si Dios hubiese silenciado el color”, dice Sun, “Pekín es tan colorido en comparación con Pyongyang”.

“Los edificios, los carteles y hasta la ropa eran blancos, grises y negros con un poco de rojo. Son los colores del Partido Comunista. Fue como viajar en una máquina del tiempo y aterrizar en un programa de televisión soviético de los años 70”.

Los guías eran dos hombres y una mujer de unos 40 años. Informaron al grupo de que eran ex oficiales del ejército norcoreano.

“Al principio eran muy estrictos y no nos dejaban cruzar la calle sin supervisión ni tomar fotos de ciertos edificios, pero terminamos llevándonos muy bien”, dice Sun.

“A los guías les gustaba mucho beber. Aprendimos que el alcohol es una parte central de la cultura coreana, y nuestros guías nos animaban a socializar con ellos por las noches”.

El grupo visitó lugares emblemáticos como la Torre Juche, el Monumento a los Trabajadores, el USS Pueblo-un buque estadounidense que fue capturado por las fuerzas de Corea del Norte en 1968- y la Zona Desmilitarizada.

Pero fue gracias a estas noches con los guías que Sun comprendió cómo el país-donde el internet está controlado por el estado y hay acceso limitado a una televisión que transmite principalmente propaganda- ve a los Estados Unidos.

“Los guías estaban fascinados con Michael Jackson y no paraban de preguntarnos si murió de sida. También nos preguntaron mucho sobre la violencia policial en Estados Unidos”.

 

“El programa de telerrealidad estadounidense Cops, que trata sobre policías arrestando a personas en la vida real, es uno de los pocos programas internacionales que se transmiten en la televisión norcoreana. Nos hicieron muchas preguntas sobre eso”.

Pero no fue solo el contenido de las preguntas lo que sorprendió a Sun, sino también la forma. “Parecía más que curiosidad, era como si tratasen de confirmar la visión que tienen de Estados Unidos”.

A lo largo de la semana las reglas se volvieron menos estrictas. Los guías dejaron de preocuparse si el grupo cruzaba la acera sin supervisión o si tomaban fotos.

Había sido una semana memorable. Sun se había hecho amigo de sus compañeros de viaje y se llevaba bien con los guías. En su última noche juntos el grupo fue a un club llamado Diplo y bailaron música de los años 80, sobre todo Michael Jackson.

De vuelta en el hotel Yanggakdo, Sun y sus compañeros tomaron un último trago con los guías, pero no se quedaron hasta tarde. Al no estar muy cansados uno de los miembros del grupo decidió que sería divertido explorar el resto del hotel.

El hotel Internacional Yanggakdo tiene 47 plantas y es uno de los edificios más altos de Corea del Norte.

Está ubicado en una isla en el medio del río Taedong y tiene cuatro restaurantes, una bolera y varias salas de masajes. Los televisores de las habitaciones transmiten los reportes de la BBC. Es, de lejos, el hotel más popular para los turistas.

En Corea del Norte lo consideran un hotel de cinco estrellas, pero las reseñas turísticas dicen que el estándar es más bien de tres.

Según escribió un bloguero, parece como si alguien hubiese viajado a Las Vegas en 1984 y hubiese decidido construir algo similar, pero sin llegar a acertar del todo.

Los guías habían supervisado al grupo las cinco noches que habían pasado en el hotel. Esta era su última oportunidad de explorar el hotel ellos solos.

Después de todo, no había reglas en contra de explorar el hotel.

El grupo se dirigió a la azotea abierta y luego al restaurante giratorio en el último piso, antes de bajar en el ascensor. Alguien notó entonces que faltaba el botón del quinto piso. Los números en el panel saltaban de cuatro a seis.

“Deberíamos echar un vistazo al quinto piso, para ver si no aparece porque son supersticiosos o si realmente existe”, dijo uno de los miembros del grupo.

El misterio de lo que puede albergar el quinto piso secreto ha intrigado a muchos blogueros de viaje. Algunos de los viajeros del grupo de Sun ya habían oído hablar de este piso secreto, pero Sun no.

 

“No éramos el primer grupo en ir al quinto piso, ni seríamos el último. Pero en 2011, ningún turista había sido detenido todavía por esta infracción”, dice Sun.

Hoy en día existe una página en el servicio turístico que utilizó Sun que explica que este piso está estrictamente prohibido para los turistas. Pero en 2011 no había ninguna advertencia. El grupo se bajó en el cuarto piso y comenzó a subir las escaleras. Sun dice que, aunque animados, también estaban un poco nerviosos.

“Uno de los chicos que andaba más adelantado nos dijo que por ese lado se escuchaban gritos, así que decidimos cambiar de dirección y dirigirnos al sexto piso y bajar al quinto piso desde allí”, dice Sun, que agrega que él no escuchó gritos.

El grupo se sorprendió al descubrir que no había nadie vigilando la puerta para entrar al quinto piso. Estaba abierta, así que sacaron sus cámaras y entraron.

Lo primero que llamó la atención de Sun fue la baja altura del techo. Era aproximadamente la mitad de los otros pisos. Ansiosos por explorar, el grupo se dispersó.

Pese a la altura del techo, parecía el corredor normal de un hotel con puertas a cada lado. La mayoría de las habitaciones estaban cerradas, pero una estaba abierta. Había un par de zapatos afuera, pero cuando miraron no vieron a nadie dentro.

“Vimos cámaras de seguridad, pantallas de televisión que parecían mostrar el interior de las habitaciones y lo que parecía ser un equipo de vigilancia. Mi impresión fue que este piso era donde el personal del hotel vigilaba a los huéspedes”.

Las paredes estaban cubiertas con propaganda antiamericana y anti japonesa. Varias de las imágenes glorificaban al Líder Supremo Kim Jong-il, padre del actual mandatario.  Una de estas pinturas decía: “Esta bomba es producto de los americanos. Todos los productos de los americanos son enemigos nuestros. Venguémonos mil veces de los americanos”.

Después de varios minutos, un hombre al que no reconocieron emergió de las sombras y se acercó al grupo.

“¿Están perdidos?”, preguntó con calma en inglés.

Alguien dijo que sí. El hombre les indicó que se fueran.

“Ni siquiera nos acompañó de vuelta a la habitación. No parecía enfadado o agitado”, dice Sun.

Al no sentirse amenazados por el encuentro con el funcionario del hotel algunos de los compañeros de Sun decidieron volver a la quinta planta. De vuelta en el piso, una de las personas del grupo abrió una puerta, pero no encontró nada más que una pared de ladrillos. Otro abrió una puerta que conducía a unas escaleras hacia otra planta.

Había más habitaciones cerradas y más carteles de propaganda clavados en la pared.

 

Una vez más, otro funcionario del hotel se acercó al grupo y una vez más se les pidió educadamente que volvieran a sus habitaciones.

Aun así, hubo algunos que regresaron una tercera vez. “Todos teníamos poco más de 20 años. Fuimos tontos y muy ingenuos. Después de todo lo que pasó y sabiendo lo que sé ahora no lo haría de nuevo”, dice Sun. Sun y sus compañeros de viaje regresaron finalmente a sus respectivas habitaciones a las cinco de la mañana y empacaron para su vuelo de regreso a casa.

El grupo todavía estaba de buen ánimo cuando se subieron al minibús de vuelta al aeropuerto internacional de Pyongyang. Pero cuando los funcionarios del hotel abordaron el autobús y les pidieron que bajaran comenzaron a preocuparse.

Según uno de los oficiales, alguien se había llevado unas toallas de las habitaciones privadas del hotel Yanggakdo. Si el grupo quería volver a sus hogares tendrían que devolverlas.

Pero nadie confesó el delito.

Afortunadamente los guías turísticos hicieron un trato con los oficiales. Si salían del autobús y les daban la espalda, el culpable colocaría las toallas en el suelo. Sería la forma más rápida de resolver la situación.

Los guardias aceptaron el trato y las toallas robadas fueron devueltas sin que se identificara al ladrón. El grupo se dirigió al aeropuerto y, como es habitual, devolvieron sus visas norcoreanas.

Sun comenzó su segundo año de la carrera de medicina y no volvió a pensar en el quinto piso. Esto cambió cuatro años más tarde.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *